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El asalto a la razón y a la civilización. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Izquierda Castellana   
Miércoles, 01 de Febrero de 2017 09:36
En los poco más de diez días desde que Donald Trump ocupa la presidencia de los EE.UU., ha puesto en marcha una buena parte de las medidas que había anunciado durante su campaña electoral y que confirmó después de ser nominado presidente electo.

Algunos analistas/comentaristas consideraban que Donald Trump, una vez llegado a la Casa Blanca, modularía sus formas y su programa. Ello lo hacían teniendo en cuenta la experiencia con la mayoría de los políticos al uso, que una vez alcanzado el poder olvidaban sus compromisos electorales. Estos pésimos analistas no habían comprendido -muchos siguen sin comprenderlo- que hemos entrado en una nueva era política, en la que las cosas ya no volverán a ser igual a como lo han sido en los últimos cincuenta años.

En importantes ciudades de los Estados Unidos, la gente ha salido a las calles para demostrar su descontento con la orden ejecutiva de Donald Trump que impone reglas especiales en la admisión de personas de países con mayoría musulmana. La imagen es de Boston. Foto: Brian Synder/ Reuters.

Donald Trump está cumpliendo rigurosa y rápidamente con su programa protofascista, pero está cumpliendo. Y cuando decimos "programa protofascista" no lo decimos en un sentido insultante, tal como se suele hacer desgraciadamente con la expresión nazi-fascista, como si fuera una cuestión esencialmente estética, olvidándose de toda la profundidad ideológica, política, filosófica y moral que tiene el nazismo y el fascismo en general.


El nazi-fascismo fue un proyecto ideológico-político-militar completamente bárbaro, pero tremendamente exitoso desde el punto de vista social en Europa en las décadas de los años veinte y treinta del pasado siglo, hasta que a mediados de los años cuarenta fue derrotado en el plano militar esencialmente por la URSS.

Si el nazi-fascismo no hubiera sido derrotado militarmente, hoy seguramente ese modelo bárbaro y brutal del capitalismo seguiría vigente.
Tenemos que recordar  en este artículo que en Europa fueron los Pueblos del Estado español los que estuvieron en la vanguardia de la resistencia antifascista, primero con la derrota de la monarquía borbónica y la proclamación de la República en abril de 1931; y después con la heroica resistencia en la guerra antifascista entre 1936 y 1939, que fue la antesala de la gran guerra antifascista a nivel global.
Es decir, a Trump y a sus políticas hay que tomárselas muy en serio, porque articulan un proyecto absolutamente salvaje y depredador, pero bien diseñado, incluyendo el sujeto político que tiene que darle apoyo, tal como ocurría con el proyecto nazi en el Reich.
En este sentido nos parece del mayor interés, y un elemento muy importante para la esperanza, la gran resistencia social e incluso institucional que el proyecto de Donald Trump está generando en los Estados Unidos de Norteamérica.
Vayamos con algunas de las medidas más importantes que ha tomado, así como con los movimientos de resistencia que estas están generando.

Empecemos por los ataques a los derechos y la dignidad de las mujeres. Además de los comentarios y actitudes absolutamente vejatorios para la mujer, Donald Trump ha decretado que las ONG's que realicen abortos, informen de esta alternativa o promuevan la legalización del mismo, allí donde éste no existe, no puedan recibir fondos federales. Paralelamente está apoyando al movimiento antiabortista.
La respuesta no se hizo esperar, mas de un millón de mujeres ocuparon las calles de Washington, mucha más gente de las que habían asistido a la ceremonia de su ascenso a la Presidencia. Esa movilización masiva expresó claramente el rechazo a la apología del machismo como base ideológica de la sociedad patriarcal que Donald Trump defiende.
Reactivación de los oleoductos como el Dakota Access, que llevaría el petroleo de Dakota del Norte a las refinerías de Illinois; este oleoducto cuyo petróleo se extraerá de arenas bituminosas pone en riesgo en su recorrido fuentes de agua potable de importantes núcleos de población, así como territorios de los Sioux. Su construcción se detuvo en diciembre de 2016, en base a las grandes movilizaciones en su contra y a la negativa del cuerpo de ingenieros del ejército de los EEUU a dar el permiso para que pasara por debajo de un embalse del río Misouri, llamando a buscar una ruta alternativa; también el oleoducto Keystone XL, de la canadiense, TransCanada, que transportará diariamente unos 830.000 barriles de petróleo crudo, sintético y bituminoso diluido desde la provincia canadiense de Alberta a diferentes lugares de EE.UU., incluidas refinerías de Texas; es decir atravesaría todo EE.UU. de norte a sur.
Las organizaciones ambientalistas, de defensa de la naturaleza y de los Pueblos indígenas ya han realizado un llamamiento para hacer una gran movilización de rechazo a esos proyectos en Washington para el 29 de abril.

El decreto para completar la construcción del muro de separación con México, que por cierto se inició bajo el mandato de la administración Clinton, ha generado una importante conmoción en la sociedad mexicana. El propio presidente de México se vio obligado por la presión pública a posponer la entrevista que tenía con Donald Trump. México tendrá, obligatoriamente, que replantearse su modo de relación con los EE.UU. para bien o para mal. Eso dependerá de la correlación de fuerzas en ese país.
La renegociación del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) firmado por Canadá, EEUU y México hace veinte años, no es del gusto de Trump, porque considera que es demasiado favorable para México y favorece las deslocalización de las empresas yanquis, y, por tanto, la pérdida de puestos de trabajo en el sector industrial.

Donald Trump se reunió con una representación muy cualificada de las corporaciones industriales más importantes: Lockheed Martin, Whirlpool, Johnson & Johnson, Tesla, Ford, Dell Technologies, Dow Chemical, SpaceX… (que representan a los principales sectores de la producción: sistemas de defensa, electrodomésticos, sector farmacéutico, automotriz...) para informarles de que bajará los impuestos para la producción localizada en los EE.UU.; del actual 35% pasará al 15 o 20%, y que también subirá de forma muy significativa los impuestos de aduana a las empresas que deslocalicen la producción fuera del territorio de los EE.UU.

En una similar dirección, pero con una implicación geoestratégica mayor, está la decisión de abandonar el TTP (Tratado de Libre Comercio del Pacífico). El TTP era la gran estrella de Obama, pero no estaba aún aprobado en el Congreso ni en el Senado y además había muchas reticencias entre diversos sectores, desde los sindicatos a la izquierda del partido demócrata, incluyendo Bernie Sanders. El TTP excluía de forma completamente intencionada a China; de hecho uno de sus objetivos era neutralizar el avance de China en la zona. El TTP es un tratado que, como todos los de su estilo, favorecen a las multinacionales y establecen además mecanismos para allanar el camino para que esas empresas multinacionales puedan demandar a los Gobiernos si éstos cambian sus políticas (en un sentido progresista) en materias como salud o educación.

El decreto sobre inmigración, de carácter brutalmente xenófobo, es el que mayor proyección mediática está teniendo, así como un importantísimo rechazo que podríamos llamar transversal: grandes empresas, especialmente vinculadas al mundo informático, representantes institucionales...
Es muy significativa la carta suscrita por 16 fiscales estatales declarando la orden sobre inmigración de Trump como inconstitucional, o el documento firmado por 100 diplomáticos y altos cargos del departamento de Estado rechazando el mismo. El posicionamiento de varios jueces federales (Nueva York y Virginia) ordenando la suspensión de las deportaciones es altamente significativo, pero sobre todo hay que destacar la respuesta de decenas de miles de personas que salieron a la calle para rechazar ese decreto xenófobo y simultáneamente demostrar la capacidad de resistencia social y democrática en EE.UU., capacidad de resistencia que Trump está dinamizando.

Otra orden de Trump, también muy significativa, congela todas las contrataciones del gobierno federal excepto las que afectan a la fuerzas armadas. Así mismo ha firmado la orden de desmantelamiento del ya de por sí precario sistema sanitario que Obama había impulsado.

Este hombre no defrauda a los suyos, pone en marcha su programa en forma de declaración de guerra a la mayoría de la sociedad norteamericana y a otros sectores de la población de otros países. Y la población norteamericana y la de algunos de esos países más afectados está respondiendo. No está dormida.
La confrontación entre barbarie y civilización está ocurriendo ahora mismo de forma intensa en los EE.UU., el núcleo duro del imperialismo capitalista. La lucha no ha hecho más que empezar y, como decíamos en nuestro último editorial, vivimos en una época llena de grandes dificultades pero también de muchas posibilidades.

 La humanidad aún está a tiempo de frenar políticamente el proyecto neo-nazi, en su sentido estricto, de Trump, dentro de unos años, sino lo conseguimos, la guerra será inevitable.

Izquierda Castellana .

Castilla a 1 de febrero de 2017

 
 

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