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“Yo financié los partidos de Fraga y Suárez” (Ahora que salió de prisión recordamos una entrevista realizada en el 2011 al narco Oubiña) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Insurgente   
Lunes, 20 de Marzo de 2017 13:32

Laureano Oubiña ha salido de prisión. Recuperamos esta entrevista exclusiva que nos concedió en 2011 repasando su vida y sus relaciones con importantes políticos.


— ¿Qué será lo primero que haga cuando salga? ¿Dónde tiene planeado vivir y a qué piensa dedicarse?

— Estar con mis hijas, Esther y Lara, y defenderlas de las tropelías que les ha hecho la Audiencia Nacional. Tengo pensado vivir donde he vivido desde principios de 1984, en La Lage (Vilagarcía de Arosa, Pontevedra). Y me dedicaré a trabajar honradamente y, cuando no tenga salud, a vivir de mi pensión, que para eso he cotizado como cualquier hijo de vecino.

11 de enero de 201

— Ha sido condenado por traficar con hachís. ¿Nunca pensó en hacerlo con otras sustancias? ¿Qué diferencia había?

— Jamás. Si he traficado en alguna ocasión con hachís es porque nunca se me pasó por la cabeza que llegásemos a estas fechas sin que estuviese legalizado, tanto en España como en el resto del mundo. La diferencia entre el hachís y otras sustancias es que es una droga blanda, y que yo sepa nadie se ha muerto por consumirlo. Esto que digo lo reconoció el Tribunal Supremo en diversos dictámenes y sentencias. Pero he de dejar constancia de que no me han dejado los tribunales rebatir las pruebas utilizadas contra mí por la acusación y los resultados de las mismas obtenidos con violación de mis derechos fundamentales.

— ¿Tuvo algún tipo de límite ético o barrera moral?

— Por supuesto que sí.

— ¿Hubo algo que sabía que nunca llegaría a hacer?

— Por supuesto que sí: no robar, no violar, no matar, no mentir, no engañar a nadie, ni traficar con drogas que realmente puedan causar daños irreparables en la salud.

— ¿En algún momento pensó en dejar el contrabando?

— Muchas veces, cuando contrabandeaba con tabaco y con café. Pero no lo dejé, en algunas ocasiones por necesidad y en otras por estar enganchado. Espero que el Estado me rehabilite como lo hace con los drogadictos, porque esto de ser contrabandista no deja de ser una droga como otra cualquiera.

— Si volviera atrás, ¿se dedicaría a lo mismo?

— Si volviese atrás, no tuviese necesidad y pudiese llevar una vida normal trabajando honradamente para vivir y mantener a mi familia, claro que no lo haría.

— Se siente rehabilitado?

— No existe la rehabilitación en las cárceles. Eso es una tomadura de pelo. Y quien diga que está rehabilitado miente como un bellaco. Con esas mentiras de que existe la rehabilitación las autoridades penitenciarias justifican los 90.000 euros por preso al año que se meten en el bolsillo. A los políticos de turno, sean del signo que sean, lo que les interesa cuando están gobernando es que haya cada vez más presos, para hacer contratos de cárceles nuevas y que caigan muchos 90.000 euros por preso. Como me decía siempre mi abuela: “¡Ay fillo meu, ti maneja diñeiro sea teu o sea ajeno, que ao manejar o diñeiro aljo entre as unllas sempre che ha de quedar!”.

— ¿Qué le han dicho sus hijas con el paso de los años? ¿Y usted a ellas?

— Mis hijas nunca me han dicho nada. Y yo a ellas les he dado pocas explicaciones. Por desgracia lo han vivido siendo menores de edad y lo han padecido, lo han pagado y lo siguen pagando. Y han sido vapuleadas simplemente por ser mis hijas.

— ¿En qué les dijo que trabajaba?

— No siempre he trabajado como contrabandista de café, tabaco y, en los últimos años, de hachís. Y no me he dedicado exclusivamente a contrabandear, ya que he tenido negocios legales, y he cotizado a la Seguridad Social. No se me caen los anillos por volver a desarrollar este tipo de oficios, ya que sé dirigirlos y llevarlos perfectamente. A día de hoy tengo mi licencia y carné de transportista actualizados. Cuando usted quiera le doy clases de cómo se lleva un camión o la gerencia de cualquiera de las empresas en las que he trabajado.

— ¿Alguien de su familia se había dedicado previamente al estraperlo o al contrabando?

— Sí, mi difunto padre, con el famoso estraperlo de combustible, maíz, aceite, garbanzos, jabón y, por supuesto, de café. Hablo de la época de la posguerra, cuando había mucha hambre y mucha miseria en España. En el ultramarinos de mis padres se repartía la cartilla de racionamiento y muchas veces también se contrabandeaba con esos productos. Al igual mi padre lo hacía mucha más gente.

— Cómo se pasa del estraperlo de gasoil al contrabando de toneladas de hachís?

— No pasé del contrabando de gasoil al de hachís. Era de gasoil y café al mismo tiempo. Luego pasé al tabaco y, posteriormente, cuando las cosas se empezaron a poner muy crudas para el tabaco y su penalización era la misma que la del hachís, fue cuando transporté hachís y me cogieron. Pero me gustaría resaltar, y que quede muy claro para siempre, que yo nunca compré ni vendí un solo gramo de hachís. En alguna de las tres operaciones frustradas por las que fui condenado simplemente lo transporté por mar y tierra, de Marruecos a la Península, y una vez ahí tenía pensado llevarlo en camiones para Holanda, Alemania e Inglaterra.

— ¿Nadie en su familia o amigos intentó frenarlo entonces?

— Por supuesto que sí. Al principio quiso hacerlo mi difunta mujer, Esther. Tuvimos nuestros más y nuestros menos por dedicarme al tráfico de hachís, hasta que conseguí convencerla de que no era una droga que causara un grave daño a la salud.

— ¿Quién se beneficia del narcotráfico, aparte de las mafias que lo controlan?

— Hablar de mafias aquí es decir tonterías. Aquí no existen. Son organizaciones que se dedican al narcotráfico. Mafias existen en otros países, como México o Italia. En cierta medida se benefician los políticos que manejan a las fuerzas represoras. En los años 1985 y 1986 cierto astillero de Vigo construyó una partida de lanchas para la Guardia Civil y Aduanas, donde a mí me habían hecho una embarcación anteriormente. Resulta que la mía había costado 70 millones de pesetas, siendo más potente, y las suyas 315 millones, cuando no llegaban a valer realmente ni 65. Esto lo conté en el juicio de la operación Nécora, se llevó al Parlamento y se debatió. Pero esa diferencia de dinero se esfumó. Habrá que preguntarle al señor Roldán [ex director de la Guardia Civil], y posiblemente al entonces coronel Ayuso [ex jefe del Servicio Fiscal de la Guardia Civil]. Ellos son los que se beneficiaban de la compra de armamento, embarcaciones y todos los equipos para la represión del narcotráfico. E igualmente los políticos de turno.

— ¿Siente que está en deuda con la sociedad española?

— No. Estoy terminando de cumplir mis condenas y no le debo absolutamente nada a nadie.

— ¿Cómo afrontaron las autoridades el problema de las drogas durante los años ochenta?

— Totalmente al contrario de como deberían haberlo hecho: con premeditación, alevosía y posible nocturnidad. Los políticos de turno lo llevaron todo a su interés personal. Cuando vivimos la transición de la dictadura a la democracia, sabían lo que se nos venía encima con el tema de las drogas, y no dieron ningún tipo de enseñanza sobre su consumo. Por eso murió tanta juventud. Esos muertos habría que cargárselos a los mismos del GAL, que no movieron ni un dedo ni educaron. Para cubrir su incompetencia se dedicaron a manejar y teledirigir a las madres contra la droga. Las dirigían contra el narcotráfico para cubrirse ellos por lo que no habían hecho antes. Les pagaban autobuses, hostales y comidas para desplazarlas a las manifestaciones, porque era políticamente correcto y daba votos.

— Fue usted uno de los capos de la droga en España?

— Los tres viajes que se me imputan y por los que me condenaron fueron abortados por la policía, y si no lo hubieran sido yo habría cobrado sólo por el transporte, no por vender ni un solo gramo de hachís. Yo no soy capo de nada.

— ¿Sobornó usted a políticos o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado?

— Jamás he sobornado ni a unos ni a otros. Pero a finales de los años setenta, cuando pasamos a la democracia que dicen que vivimos, ayudé a financiar a Alianza Popular, del señor Fraga, y a UCD, del señor Suárez. E igual que yo lo hicieron muchos empresarios más que estábamos metidos en el contrabando de tabaco. Por cierto, desde aquí les recuerdo a esos políticos que yo sigo siendo la misma persona que era entonces.

— ¿Qué relación tenía con aquellos a los que también se ha llamado los capos gallegos de la droga, como Charlín o Sito Miñanco? ¿Tenían contacto entre ustedes? ¿Formaban algún tipo de asociación o establecieron algún pacto de no agresión o incluso de cooperación?

— No he tenido relación ni pacto de ningún tipo con estas personas que me menciona. Con alguno de ellos hace mucho que no me hablo, desde los años del contrabando de tabaco, y con otros no he tenido ningún trato, los conozco del pueblo.

— ¿Tenían el mercado repartido según la sustancia con la que trabajase cada uno?

— No sé a qué se dedicaban otras personas. Yo lo único que hacía era el transporte de hachís desde Marruecos a Europa. Viajes que fueron abortados. Pero ni sé, ni quiero saber ni me interesa a qué se dedicaba el resto de personas.

— Cuando acudió al entierro de su esposa [Esther Lago, fallecida en un accidente de tráfico en 2001] los vecinos de Vilagarcía le llamaban “asesino”. ¿Qué sintió en aquel momento?

— Sentí mucha impotencia y mucha rabia por ciertos vecinos, que no fueron todos, que me tildaron de asesino. Eran madres contra la droga. Yo nunca he sido un asesino ni jamás lo seré, porque nunca se me pasó por la cabeza matar a nadie. Me han cogido como cabeza de turco simplemente por ser gerente de las Bodegas del Pazo de Bayón. Y me gustaría añadir que en caso de que yo fuese narcotraficante de otras sustancias nadie obliga a nadie a que consuma drogas. Y creo que nadie merece que el día del entierro de un ser querido hagan lo que hicieron esas madres.

— ¿Cómo ha sido su vida en prisión?

— Me han tratado y lo siguen haciendo peor que a ningún terrorista del mundo entero, como al peor asesino y violador. Algún terrorista me ha llegado a decir que a mí me han tratado peor que a los miembros de ETA. Donde peor lo hicieron fue en el centro de Zuera (Zaragoza), porque me pegaron. Llevé a juicio a los jefes de servicio y archivaron la denuncia.

— ¿A qué se ha dedicado mientras cumplía la condena? ¿Se ha esforzado por tener una buena conducta?

— Está mal que yo lo diga, pero mi conducta en la cárcel ha sido intachable. De hecho estoy teniendo derecho continuamente a vis a vis extras por hojas meritorias, por mi buen comportamiento y mis trabajos dentro de las prisiones. También estuve matriculado en Derecho por la UNED, pero tuve que dejarlo porque con tantos traslados y cambios no podía seguir el hilo de mis estudios.

— ¿Pensó en algún momento en quitarse la vida?

— Muchísimas veces, sobre todo después de la desgracia de la muerte de mi mujer, Esther, pero al mismo tiempo pensaba que tenía dos hijas menores de edad que estaban solas, huérfanas de madre y con un padre en prisión, y no podía hacerlo. No podía permitirme ese lujo. Y en segundo lugar, no he tenido valor suficiente para hacerlo, porque he tenido siempre miedo a fallar.

— En 1994, tras serle concedida la libertad por la operación Nécora, decía que se dedicaría a cuidar de sus hijas. Tres años después fue detenido por tráfico de hachís. Ahora afirma que hará lo mismo cuando salga. ¿Ha cambiado usted en este tiempo?

— Ha cambiado que voy a cumplir 65 años, por desgracia me he perdido ver crecer a mis hijas y no quisiera perderme también ver crecer a mis futuros nietos. Creo que es una razón más que suficiente para cambiar, siempre que me lo permitan.

—Durante el tiempo que ha estado en prisión, ¿ha dirigido en algún momento su antiguo negocio? ¿Ha podido hacerlo?

— Ni he querido, ni he podido hacerlo, ni se me pasó por la cabeza. Ni negocio ilegal ni legal. Estos años de prisión me he dedicado a defenderme de todas las tropelías judiciales cometidas por la Audiencia Nacional contra mi persona y el resto de mi familia, y seguiré haciéndolo mientras Dios me dé fuerza y salud.

— ¿Se han puesto en contacto con usted de otras organizaciones para trabajar con usted o con sus contactos?

— Jamás, rotundamente no.

— No le gusta que le llamen narcotraficante. ¿Cómo deberían llamarle?

— Lo que no me gusta es que me relacionen con otro tipo de drogas, o que los medios de comunicación jueguen en su noticias con ambigüedades, no detallando qué tipo de narcotraficante soy, para confundir a la sociedad y manipular la información. Yo soy narcotraficante o transportista de hachís, y puede llamarme así quien quiera.

—¿Qué medidas tiene previsto tomar cuando salga?

— Siempre que haya motivo, seguiré querellándome contra los jueces que lo merezcan, aunque sigan archivando las denuncias, ya que hacen corporativismo y se tapan unos a otros. Tengo previsto presentar, por lo menos, cuatro querellas.

— ¿Sigue entre sus planes demandar al Estado por delito contra la salud pública?

— Por supuesto que sí. El Estado está cobrando unos impuestos del tabaco y del alcohol, y ambas cosas no dejan de ser una droga. Incluso lo denunciaré por cobrar impuestos por la venta de vehículos cada día más potentes, con los que se puede conducir a más velocidad de la que está permitido por ley. Coches en los que mueren, por desgracia, muchísimas personas al año. Y, sin embargo, el Estado se aprovecha de los beneficios de la venta de esos coches. Para mí el narcotraficante más grande es el propio Estado, porque sí puede beneficiarse de los bienes que incauta a los narcotraficantes, pero los narcotraficantes no. Explíquenmelo…

— ¿De qué se arrepiente?

— De haber invertido en España el dinero que gané por el mundo con el contrabando de tabaco, café y gasoil, y el de la venta de mi negocio de transportes de camiones en el año 1983. Parte de ese dinero fue para la compra del pazo, y a pesar de haberlo invertido ahí y quedarme sin él se me metió en la cárcel y se les quitó a mis hijas la herencia de su madre.

— Si retrocediera, ¿qué cambiaría?

— Cambiaría de nacionalidad. No viviría aquí en España. Tajantemente. Tal y como suena.

— ¿Ha consumido drogas? ¿Las ha probado?

— Sí: tabaco, alcohol y café. El tabaco lo dejé. El alcohol también, porque aquí en prisión está prohibido. Y café me tomo alguno de vez en cuando.

— ¿Perdió en algún momento a alguien cercano por las drogas o alguien cercano tuvo problemas con ellas?

— Afortunadamente no he tenido a nadie cercano ni ningún amigo que haya sufrido problemas con drogas ilegales. Pero sí he perdido a muchas personas por problemas con drogas legales, como el alcohol y el tabaco.

— ¿Qué relación tiene con su familia?

— Mi familia son mis hijas Esther y Lara y tengo una relación excelente con ambas.

— ¿Qué diferencia su caso del de Manuel Charlín, que salió de prisión el pasado mes de julio sin apenas repercusión en la opinión pública?

— En primer lugar, que desde el principio me tomaron a mí como personaje para el circo mediático-político y político mediático que les interesaba formar. Y en segundo lugar, que yo sepa Charlín no se ha querellado contra ningún juez y yo sí. Y en este país cuando te querellas contra un juez te querellas contra todos, y desde ese mismo instante te conviertes en el enemigo número uno. Los jueces y los gobernantes de turno son los que mueven los hilos, especialmente en esa Audiencia Nacional que está totalmente politizada, desde el tejado hasta los sótanos de los calabozos.

— ¿Qué opinan los responsables de la cárcel de Topas?

— Los pobres están asustados y no se atreven a hablar, porque si lo hacen la Dirección General de Instituciones Penitenciarias les corta los atributos. Saben que me sobra razón y que tengo cumplidas mis condenas desde el pasado 1 de julio.

— ¿Por qué los abogados no denuncian las irregularidades que dice que se producen en la Audiencia?

— Si los abogados que trabajan allí hicieran públicas todas las tropelías que suceden, todas esas injusticias no existirían. Lo que pasa es que la gran mayoría no denuncia porque no le interesa. Cuantas más tropelías cometa, más recursos tiene que hacer y más minutas cobra.

— ¿A qué atribuye que la Audiencia Nacional haya rechazado la sentencia a su favor del Supremo?

— A que en esa Audiencia para mí no se imparte justicia, sino odio, rencor y venganza. Y eso viene por intentar defenderme en los juicios y haberme querellado contra los jueces. Verme muerto sería la alegría más grande que se llevarían los componentes de la Audiencia Nacional, ya que son unos terroristas judiciales. Si tenía alguna duda respecto a la sentencia del Supremo, debía haber pedido una aclaración a este tribunal, y no lo ha hecho para no aplicarme todo el tiempo que me correspondía, para entorpecer y retrasar mi salida de prisión. Es inaudito y aberrante. El señor [Javier] Gómez Bermúdez, desde el juicio del 11-M, se cree una estrella y el ombligo del mundo. Y estrellas en la Audiencia Nacional ya ha habido alguna que se ha estrellado y apagado… A su lado Garzón era un santo. Y lo digo con todo el conocimiento de causa.

— ¿Quién era Oubiña y quién es hoy?

— Ahora soy un viejo de casi 65 años. He pasado y he perdido más de media vida aquí en la cárcel, y si antes no era nadie ahora lo soy aún menos.

 

 
 

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